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EXPOSICIÓN:
POL BORRAS
Algunos
dicen que Pol Borras es un artista de muchos registros. Lo ha demostrado
ya a lo largo de más de veinte años de carrera, y con cada nueva
exposición sorprende su capacidad por convertir en un sugerente motivo
pictórico, algunos detalles o fragmentos de paisajes, que escapan a
nuestra mirada saturada de imágenes. Para él, el mundo que le rodea, es
un estimulo permanente, tanto si se encuentra en su ciudad natal,
Barcelona, como en la villa marinera de Sitges donde pasa largas
temporadas, o bien en una isla caribeña. Pol Borras está siempre atento
a lo que le rodea, intuyendo enseguida que lo que tiene ante los ojos,
sea un simple pavimento de la calle o el reflejo de un espejo, puede
transformarse en un cuadro singular con vida propia.
Viajando por la isla de Cuba, Pol Borras ha sabido captar una serie de
vistas nada inocentes, huye de los tópicos al uso, y llama nuestra
atención sobre algunas escenas de la realidad que le impactó. Cada uno
de sus cuadros es un fragmento del tiempo detenido y las cualidades de
su pintura sirven precisamente para materializar ese momento concreto.
Pol Borras practica una pintura refinada y llena de matices en la mejor
tradición de lo que llamaríamos el realismo mágico. En este sentido
resulta muy relevante la serie de los espejos, en los que, mediante
tonalidades apagadas y un hábil juego óptico, refleja con maestría la
atmósfera decadente del lugar. Pol Borras recurre a menudo a los efectos
de la textura, como por ejemplo, cuando quiere acentuar la oscuridad de
la noche, en contraste con las luces de los coches o los rótulos de los
bares de una animada calle de La Habana.
El estudio de la luz, es otro aspecto que conviene destacar, ya que
adquiere en algunos cuadros un protagonismo verdaderamente especial. La
luz del alba sobre el mar captada con bellos tonos naturales o la luz
crepuscular traducida en la tela con colores voluntariamente
artificiales, como si el artista quisiera retratar un paisaje imaginario
de cualquier galaxia. El artista sabe muy bien trabajar su paleta para
sacar provecho de las posibilidades expresivas de cada pincelada. Pol
Borras demuestra, con toda su obra, la facilidad con la que puede pasar
de un género a otro, cambiar de gama cromática, jugar con la
composición, matizar la pincelada para evocar con idéntica soltura el
ajetreo de los trenes en la estación de Francia, el ambiente melancólico
de una vieja mansión abandonada por sus antiguos moradores, o el reflejo
mágico de un charco tras la caída de la lluvia. La pintura es para Pol
Borras un inmenso espejo, en el que refleja sus distintas visiones de la
realidad, percibidas a través del filtro de su peculiar sensibilidad
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